Alguien me enseñó una vez que la vida es efímera
que uno no debe vivir recordando sus penas y lamentos
sino viviendo cada día como si fuese el último.
La vida con sus golpes te enseña a no volver a tropezar
donde un día ya tropezaste
que los pequeños momentos pueden ser inolvidables
y que el ser felices y comieron perdices solo existen en los cuentos.
Uno debe apreciar y valorar cada momento especial
para cuando esa persona ya no esté en tu camino
puedas recordarla sin padecer.
Hay personas que siempre estarán pero también hay otras que se marcharán
debes saber decirles adiós y perdonar sea cual sea el motivo de su marcha
pero ante todo uno debe saber perdonarse a sí mismo
porque el ser humano no es perfecto y todos cometemos errores.
No creo en las casualidades de la vida
creo que el destino pone en tu camino a personas
y que tú decides si quieres abrir esa puerta o simplemente cerrarla.
Soy de esas personas que piensan que el amor, si es verdadero,
puede con cualquier adversidad ya sea insignificante o de dimensiones desproporcionadas
y que puedes encontrar a esa persona en lugares inesperados.
También dicen que el amor es la magia más poderosa de todas
y tienen razón... Puedes cometer la mayor locura que en el amor todo vale,
sientes esas mariposas en el estómago como un ligero cosquilleo
cada vez que se acerca a ti o te acaricia el cabello
y se te iluminan los ojos con ese brillo tan intenso y especial.
No hay comentarios:
Publicar un comentario