El día parecía bueno, tanto que empezamos a quitarnos la ropa y nos quedamos en bañador, pero a los pocos minutos navegando, el cielo se nublo dejando (en ocasiones) que el sol se asomase.
Me dedique a mirar el mar, como si nunca lo hubiese visto, ensimismada hasta que por fin aparecieron...delfines, jugando con el barco, adelantándolo cuando querían, yendo de un lado para otro llamando la atención de todo pasajero.
Me mantuve agarrada a la barandilla, queriendo tirarme en ese instante por la borda, deseando poder cumplir mi sueño de una vez...pero mi cordura pudo mas.
Se cansaron de jugar y se marcharon así que aproveche para comer y volví a salir fuera...enfrente nuestra estaba el acantilado de los gigantes; me senté en proa lo mas cerca posible de la barandilla para seguir contemplando el mar.
Entonces el capitán paro el barco y nos ofreció tirarnos en mar abierto, así que sin pensarlo dos veces nos tiramos al agua sin tocarla, estaba helada pero aun hacia mas frío cuando salimos y el barco se puso en marcha.
Cuando volvíamos a tierra firme volvimos a ver delfines, aun mas juguetones que antes, de repente la gente empezó a emocionarse en uno de los lados...eran ballenas de entre 6 a 7 metros que sacaban su cabeza para sacar el aire, hasta que llego la hora de la despedida...uno de ellos se acerco, salto y se marcho.
"Créanme, el secreto de cosechar la mayor fecundidad y el mayor disfrute de la vida es vivir peligrosamente" (Friedrich Nietzsche)


